Nunca me gustó el mundo de los scouts. De hecho, le tenía un odio infantil...sin siquiera haber sido uno. Todavía recuerdo esa epifanía que tuve un sábado en la tarde hace algunos años: caminando por Cerro Alegre vi un grupo de scouts… y sentí rabia. Tan correctitos, uniformados, peinados, listos para todo, serviciales… Siempre he pensado que es freak ser un filántropo y dar la vida por la vida de los demás, pero esta vez, en la que vi pasar a este ejército de pelmazos con la cara brillando de tanta bondad, me enojé y algo más, una sensación extraña,
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